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¿Una copa de vino?

8 de noviembre de 2019
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– El vino está picado, ¿puede venir?

– Dígame.

-El vino está picado.

-Aquí solo servimos vino en perfecto estado, señor.

-Este está picado.

-¿Me permite?

-Por favor.

– Ummmmm.

-¿No lo nota?

-Ummmmm.

-Un sommelier como usted no debería dudar ni un segundo.

-No lo entiendo.

-¿Perdón?

-¿Le importa si me siento?

-Adelante.

-¿Puedo probar otra vez?

-Todo suyo.

-Ummmmm.

-¡Diga algo, por Dios!

-Tiene usted razón, este vino está picado…

-Eso ya se lo he dicho yo, solo quería que lo constatase y me trajera otra botella.

-Pero hay un problema.

-¿Un problema?

-Nosotros no servimos vinos picados, por eso somos un establecimiento de referencia, se puede beber cualquier vino que le sirvamos sin preguntar.

-Pero usted mismo ha dicho que este vino está picado.

-Cierto, no hay duda alguna.

-Entonces…

-¿No lo habrá traído usted de casa? Porque nosotros…

-No suelo salir con una botella bajo el brazo, como usted comprenderá.

-¿“No suelo” quiere decir nunca o a veces?

-Esto es ridículo.

-No creo que el honor y los principios sean algo ridículo, señor.

-Reconocer que han servido un vino en mal estado y cambiarlo debería ser parte de ese honor y esos principios a los que alude usted.

-Nunca servimos vino en mal estado, por eso no podemos cambiarlo.

-Pero lo han hecho.

-Ummmmm.

-Estoy perdiendo la paciencia, se lo advierto.

-¿Está usted enfadado?

-Lo estoy empezando a estar.

-¿Se le agria el carácter?

-Será por su vino. Quiero ver al propietario.

-No hay.

-¿Perdón?

-No hay propietario ni nada semejante.

-¿Y a quién pertenece esto?

-Eso no es asunto suyo.

-¿Y quién es el responsable?

-Lo tiene delante.

-Pues quiero quejarme.

-Diga usted.

-Me han servido un vino picado y el sommelier se empeña en decir que ha sido culpa mía.

-Eso es inadmisible.

-¿Qué puedo hacer?

-Es inadmisible que diga que le hemos servido un vino picado, nunca lo hacemos.

-Pero… pruébelo de nuevo.

-Gracias, no lo necesito, soy sommelier, ya sé que está picado.

-Voy a llamar a la policía.

-No creo que entiendan más de vinos que yo, sinceramente.

-Quizás de leyes.

-Puedo invitarle a un vino, señor.

-¿Perdón?

-Me preguntaba si podría invitarle a beber algo ya que está usted aquí sentado.

-Pero… yo…

-¿Le gustaría una botella como esta?

El sommelier se retira y vuelve con una botella del mismo vino picado. Se lo sirve y lo prueba, esta botella ha salido perfecta. Brindan y continúan charlando.

Los principios y la palabra parecen una invitación a beber. Si están picados se pueden traer otros, pero nunca se renuncia a ellos. Siempre son los propios principios aunque se sirvan en una botella distinta, aunque cambie el sabor y el color y la imagen que tiñe.

Durante siglos hemos podido beber vino sin que nadie haya reconocido nunca servir una botella picada, empezar una guerra, terminar un conflicto, soltar una carcajada, pisar un callo, llorar un mundo o brindar con agua. Así se derrama el tiempo más allá de E=mc2, desde el baile de miradas, desde el juego de perspectivas, desde la rabia que pica el vino y la sonrisa que lo sirve de nuevo. Así seguimos, paso a paso.

En: Blog, Blog 1 comentario

Comentarios

  1. Marisa dice:

    Desde la rabia a la sonrisa, de ida y vuelta y vuelta a empezar.
    La E se ha convertido en Fuerza galáctica y los principios universales e irrenunciables en tiempos de relojes blandos dalinianos que muchos no miran.
    Pero ahí están y permanecerán.
    Abrazo

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