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La próxima ola. Surf y literatura

18 de septiembre de 2016
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Estoy nadando en el Mediterráneo a más de una hora y media de la costa argelina, miro el mar, las olas a mi alrededor, y trato de divisar la otra orilla. Recorro el tiempo reciente y subo la costa atlántica hasta Galicia; salto a la playa de Patos, al verano aún reciente, a mi escuela, a Prado Surf.

Entro en el agua y espero la próxima ola sentado en mi tabla, con la paciencia ajustada al ritmo de la marea, con la mirada atenta y las palabras flotando a mi alrededor, yendo y viniendo al compás del mar; cada ola, cada idea, cada recuerdo o imagen es nuevo, no existe hasta el mismo instante en que la diviso, en que logro volar sobre la ola o rodar bajo ella. Sea como sea, vuelvo a coger la tabla, a remontar y esperar la próxima ola. En un acto efímero y eterno a la vez.

Sigo flotando en el Mediterráneo, veo unos delfines blancos y negros, no sé de qué raza serán, pero se mueven a una velocidad asombrosa. Están más lejos de lo que parecí. He intentado acercarme, pero me han ignorado. Supongo que es mejor, su fuerza podría jugarme una mala pasada estando solo en medio del mar.

Allí en medio, nadando alejado de todo, rodeado únicamente de agua, sigo pensando en las olas de este verano, en caminar sobre las aguas, en rodar bajo el mar, en perder pie y dudar como ahora, en este mismo instante, si soy un simple mortal o el mismísimo rey del mar; si todo se reduce a un lamento luminoso, un nuevo logro, una vieja pérdida, a un misterio por resolver. Como la literatura, como el principio de cualquier página, de cualquier relato; como la búsqueda embriagadora, aventurera y precaria del misterio; del fuego perdido (Il fuoco e il racconto, G. Agamben).

Ya estoy demasiado lejos, así que doy media vuelta y empiezo a nadar de regreso a la costa africana. Sigo soñando, recordando que siempre hay una nueva ola; que con cada movimiento de la marea, del viento, de… Todo desaparece y se vuelve a construir en ese acto efímero, en ese instante eterno que es nuestra existencia.

El surf como representación de la literatura; de la vida. La espera mágica e ilusionada de la ola perfecta, el intento de surfear la ola que nos llega, el éxito o el fracaso que apenas dura un instante; hasta la próxima ola, hasta que el mar lo barre y volvemos a sentarnos sobre la tabla a esperar. Nada importa más allá de esa ola y nada importa una vez se ha ido. Ese es el misterio; lo efímero eterno; el principio y el fin en el mismo instante.

Eso sueño hoy, nadando hacia el Norte de África.

Comentarios

  1. Francisco dice:

    En medio de la naturaleza mas salvaje siempre hay un cambio en las percepciones. Todo se desvance, se tornan las prioridades y se pasa a otra realidad. Es raro pero se experimenta una sensacion de sentirse liberado que te llena de vida.
    Esas experiencias deben de alimentarnos, convertirse en un aliento y leccion de vida que nos situe y nos vuelva a colocar en el sitio que el dia a dia nos hace perder.
    Fuerte abrazo amigo

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