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La hija del podólogo

26 de agosto de 2017
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Desde el otro lado del seto puedo escuchar la conversación de las chicas que van a dar el salto. Habla una. Y lo tiene claro: estudiará podología. Su padre y su hermana tienen una clínica familiar que funciona razonablemente bien, eso le asegura el futuro. Así se lo explica a sus amigas. Les cuenta que se va a Madrid a estudiar y se oye un rumor de envidia y admiración provinciana por los años que va a pasar en la capital.

Al día siguiente, la hija del podólogo ha invitado a sus amigos. Ponen música de moda, dicen las palabrotas cazadas en las noches de su ciudad y son lo suficientemente molestos como para estar en el lugar que les corresponde; lo suficientemente respetuosos para encajar en el adosado de sus padres.

Todo parece encajar en la vida de esta joven que se ríe y habla excitada de sus días de Universidad. Vivirá en la misma residencia en la que vivió su hermana y su tía Victoria la invitará de vez en cuando a comer. Los de Madrid serán años de libertad, qué duda cabe.

El tiempo susurra desde el otro lado del seto. Cristina vuelve de sus años de estudio, ha empezado a trabajar con su padre y está encantada con el cambio. Ya estaba harta de vivir lejos de casa. Se casa con Juan. Dos hijos, algún viaje exótico para ver mundo, ir a Madrid a comer con sus amigos, heredar la clínica con su hermana, compartir el adosado en verano.

El tiempo susurra tranquilo desde el otro lado del seto. La hija de Cristina se va a Madrid a estudiar podología. Su madre y su tía tienen una clínica y eso le asegura el futuro. ¿Estarás contenta, Cristina? A ti te ha ido muy bien. Cristina se encoge de hombros, se levanta y trata de ver el mar por encima del seto.

En: Blog, Blog 4 comentarios

Comentarios

  1. Maria dice:

    Muy bonito pero muy breve!!!
    Una novela!

  2. Marisa dice:

    Bononito y buen relato corto, pero la rueda interminable que vuelve con final de cansancio que necesita salir de la rutina.
    Alguien la romperá seguro
    Abrazo

  3. […] pude evitarlo, Cristina, os escuchaba desde el jardín de al lado, desde el otro lado del seto, y no pude evitar escribir […]

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