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En el circo con Rafael Soler

17 de marzo de 2016
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Aquí, en Argelia, hemos compartido unos cuantos años Rafael Soler y yo. He olvidado la fecha exacta, pero el caso es que vino a hablar de literatura, a leer su poesía en el Instituto Cervantes de Orán, y se quedó.

Aún no sé qué le llevó a tomar una decisión tan drástica, a instalarse en mi casa, a llamar a Lucía y decirle que iba a tardar un poco más en volver. Recuerdo aquella llamada: Lucía, cariño, me voy a quedar un poco más, me ha surgido algo… sí, sí, algo así… hablamos esta tarde. Una compañía circense había llegado a Orán y teníamos la curiosidad de ver cómo sería la función de un circo argelino. ¿Qué esperaba Rafael Soler del circo? ¿Y yo? ¿Qué esperaba yo? Faltaban dos días para que empezara el espectáculo y Rafa decidió quedarse. Deshizo la maleta y se instaló en mi casa. Tres años. Como si nada. Sin saber por qué. Solo porque habíamos quedado en escribir sobre una función de circo. Hasta que, de pronto, un día se fue; como el circo al que nunca fuimos porque nos pusimos a hablar, porque tuvimos que escribir otras cosas y cuando nos dimos cuenta ya no estaba en la ciudad. Ninguno de los dos; ni el circo ni Rafael Soler.

Nunca había tenido tanto tiempo a un invitado y hubo que amoldarse para que la convivencia resultase llevadera. Lo cierto es que cuando nos estábamos organizando ya era la hora; sabíamos que el circo nunca volvería, que nos habíamos dicho todo lo que sabíamos hasta aquel momento, que el tiempo había volado y que nuestras familias no entendían por qué habíamos pasado tres años esperando al circo y no se nos había ocurrido ir a Argel o a otro sitio a ver la función. Aunque ya no les importaba; habían pasado tantas cosas desde la primera llamada que ya nadie se acordaba del circo ni de nada parecido. Solo sabían que se habían reanudado los vuelos a Madrid, tanto tiempo suspendidos, y que Rafael volvía esa mañana. Tampoco le pregunté por qué se iba. Me pareció impertinente, así que me limité a despedirme y tratar alguna cuestión sin importancia.

Ahora, al recordar aquellos años, creo que no fue el circo. Ni el simple hecho de que se hubieran suspendido los vuelos a Madrid o de que el pescado en Orán sea excelente. Ni siquiera, por raro que parezca, la cena con Marina y Victoria en “La Comète”. Creo que fue aquella conversación del primer día, la que ocupó todas esas horas, la que abrió el tiempo y las palabras y continuó hasta hacernos olvidar el circo y cuanto quedaba fuera. Creo que fue eso, aunque tal vez se me escape algún detalle. No es fácil repasar tres años de conversación, tres siglos de amistad, tres días de tantas cosas.

Comentarios

  1. Risas nerviosas dice:

    No podía ser de otra manera, se quedó enredado en tus palabras.

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