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Una noche en el teatro

17 de julio de 2019
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Los aplausos corren hasta el escenario, la compañía saluda a su público. Un año de trabajo que se cierra con ese segundo de actuación. Ha sido un éxito. Un éxito que se sustenta en cada uno de los sábados de ensayo, en cada una de las horas de práctica en casa, en cada charla entre los actores, en visualizar la obra mil veces, en repasar otras mil el texto y las coreografías. Paso a paso, día a día, sueño a sueño se ha construido un éxito que permanecerá en el recuerdo de estos actores.

La Máquina es una escuela de teatro en la que Gretel Stuyck y Rafa Cruz dirigen a un equipo que ha logrado inculcar a estos jóvenes actores (de 8 a 16 años) el esfuerzo y la pasión de una compañía profesional.

Fui a ver la obra musical, Billy Elliot, y logró emocionarme desde el primer instante. Fui porque mi hijo Jacobo y su amiga Alejandra son parte de la compañía y actuaban esa noche. Su actuación, la de toda la compañía, nos sorprendió; nos golpeó a todos con la fuerza de lo auténtico. Esa noche salí convencido de haber asistido a la representación de una compañía profesional y hoy sigo convencido de que fue así, de que el ambiente que envolvía el teatro era el de la ilusión y la seriedad con la que estos actores entienden el teatro.

Gretel y Rafa han logrado que sientan que el teatro es algo más que un pasatiempo; que es una parte importante de su vida, que les enseña a saber quiénes son, que modifica su mirada sobre el mundo. Quizás sin que sean conscientes, quizás para siempre.

El teatro, la literatura, la danza, la imaginación, la música, el arte como una mirada sobre la propia existencia, como una pregunta sobre la propia existencia, como el ser sobre la mirada y el tiempo.

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