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Un único parpadeo

17 de abril de 2016

Qué difícil es saber que ya eres otro. Que las cosas han cambiado, que has podido afrontar lo que temías, que has empujado de golpe el pasado y que te sientas y miras el paisaje tratando de saber.

Qué difícil es entender que ya no hay más que hablar, nada que añadir salvo que ya está; que has luchado, que has logrado entender que nada es tan difícil y que nada importa demasiado.

Qué difícil es saber que ya no eres quien la costumbre te recuerda; el que queda al otro lado del camino, aun dudando, sin acabar de aceptar que se ha acabado.

Qué difícil es desprenderse del cariño a quien largo tiempo te ha acompañado; a quien has creído ser sin aceptar del todo, a quien ya no es porque ha cambiado. Pero te mira insatisfecho, perplejo, desconcertado. Y trata de cargarte los fardos del pasado.

Solo queda gritar adiós con fuerza, con el mismo momento en que todo cambió, decir ese ya no soy yo y entender que de nuevo has empezado. Que ya no sirven los viejos días, los tiempos y miedos de antaño; que hoy eres otro, joven, renacido, pero que aún duda al verse en el espejo, al reconocer a quien tan largo le ha acompañado.

Y allí te quedas dudando y sin saber, tratando de entender si el cambio te ha atrapado, o si, como imaginabas ayer, has conseguido saltar.

Qué difícil es librarse de esa mirada; tan difícil que un único parpadeo bien puede durar una vida entera.

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